Anton Ego – Por qué se convirtió en mi villano favorito de Pixar

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Diez años después de mi primera experiencia con esta joya de Pixar, decidí que era un buen momento para revisitarla con la excusa de que mis hijos de seis (6) y cuatro (4) años disfrutaran con ella. Como la película de animación no podía volver a sorprenderme, decidí disfrutarla desde otra perspectiva, una que curiosamente se ajusta a la perfección a uno de los temas centrales de la historia: la del criticismo.

En su día no supe admirar que la falta de acción directa (que se limita a la colonia de ratas escapando de una señora mayor con un rifle y a una persecución) se compensa con un ritmo demoledor a lo largo todo el metraje. La elección del avaricioso chef Skinner como figura antagonista de la primera parte de la película funciona desde un punto de vista humorístico, e incluso proporciona uno de esos pocos momentos de acción directa cuando persigue a Remy por las calles de París y las aguas del Sena. Sin embargo, es cuando Anton Ego entra en escena que la película adquiere un auténtico reto para los protagonistas. Armado con elocuencia y una pluma que esgrime para martirio del joven Linguini ante cada mínimo detalle de su experiencia en el restaurante, Ego se yergue como uno de los villanos más aterradores del estudio de animación.

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